Conocí a Jorge Hernández a finales del 2014, pero fue hasta febrero del 2016 que empezó a ser mi coach.

Yo acababa de darle un sacudón enorme a mi vida, o más bien la vida me acababa de dar un buen sacudón. Tras una discusión con mi pareja terminé en una sala de urgencias con un fuerte golpe en la cabeza. Ese fue el final de esa relación que desde el inicio había sido muy mala aunque traté por todos los medios de ocultarlo, especialmente a mi misma.

En ese momento tenía nuevamente la posibilidad de crear que quería hacer con mi vida en todos los aspectos: emocional, profesional y económico. Y decidí hacerme cargo de todo el paquete completo, dejar a un lado el drama y las emociones exacerbadas. Ahí mi relación con Jorge cambió, se volvió más cercana y aunque habiamos hablado de la posibilidad de empezar a trabajar juntos en Colombia con su empresa, iniciamos una relación entre coach y coachee que se fue conviertiendo en una gran y profunda amistad en la que la comunicación ha sido constante, la preocupación sincera y el trabajo personal una labor diaria e inexcusable. Me acompañó de día o de noche, en momentos de angustia y tristeza, que fueron muy pocos gracias a su intervención inmediata, así como en los gratos. El coaching me ha hecho trabajar mucho más en mi vida, he tomado decisiones cada vez más coherentes con lo que realmente quiero de mi vida, decisiones financieras, emocionales y profesionales. Me ha ayudado a construir la versión de mi misma que quiero, más fuerte y en paz.