Algunas veces decir adiós nos llena de miedo, miedo a lo desconocido, a la vida de manera diferente a como la habiamos planeado o con quien la habíamos planeado. Nos da miedo el dolor inical de una separación, nos da miedo una ganancia a mediano plazo y preferimos placer a corto lazo, antes de que decir adiós, antes que atrevernos a cambiar, antes que sentir un poco de dolor necesario para superar una separación.

Y no me refiero solamente a despedirse de alguien, terminar una mala relación. Me refiero a alejarse de personas cercanas que fueron nuestro círculo principal durante meses o años, dejar a trás un trabajo que no nos llena de satisfacción o toda la vida como la conociamos hasta ese momento

Queremos retener historias y personas resistiéndonos al cambio, al fluir que la vida nos regala cada día. Ejercemos una fuerza poderosa para sostener lo insostenible, algunas veces por encima de nuestra propia dignidad, de nuestra felicidad o de nuestra paz.

Este año me despedí de muchas personas, de muchas situaciones y hoy al desayuno pude ver cuanta paz había ganado, cuanto tiempo para no salir corriendo persiguiendo personas o sueños que no me pertenecían, en la soledad me he reencontrado, no todos los días son fáciles y últimamente la misión es ser mi mejor compañía y dejar de invertir mi tiempo en recordar. He tenido que reconstruir muchas cosas alrededor mio y todo ha sido ganancia y aprendizaje, todo es diferente ahora a como era hace un año, he estado a expuesta a situaciones mas complejas, he cometido más errores y he aprendido a no señalarmelos permanentemente, más bien ahora me los permito.

Sí hubiera sabido que todo esto iba a pasar, posiblemente hubiera implementado una serie de mecanismos para que las cosas que mas me han asustado no pasaran, mentiras, intranquilidad, desasosiego, cualquier acción la hubiera considerado válida antes de permitirme cambiar y despedirme. Me han acompañado la rabia, el miedo, la desilusión, la tristeza, la frustración y los he dejado estar para que me muestren lo que debo ver, para que se vayan en el momento en que yo me muestro mi verdad y mi fé.

Me he quejado mucho y estoy cansada de eso, de oir mis quejas y las de los demás, y ahí el cambio es la única opción. Cambiar  la forma de pensar y actuar en consecuencia, cambiar el entorno y hacer de nuestra vida lo que realmente queremos.

No tengas miedo cada día puede ser tan absolutamente diferente como te lo permitas, la rutina es el cambio. (impermanencia dicen por ahí)