hay momentos en los que hasta el cuerpo lo siente, se reprime, se contrae, la cabeza duele y uno cree que no sabe nada… no, si sabe… si sabe que no está encontrando lo que quiere, en el tiempo que quiere… y no se trata de impaciencia, bastante paciencia y fluidez le he puesto a mis asuntos hace tiempo… es esa sensación de coraje cuando estás cansada, cansada, cansada de que una situación no se mueva, de que quienes deben trabajar no lo hagan, de que alguna autoridad desconozca todo lo que pasa y quienes deben decirselo les de hasta risa todo lo que te ha pasado y tampoco se muevan.

Hasta la madre porque he sido la más paciente y puedo seguir siéndolo pero hay cosas en las exijo y exigiré resultados. No me voy a dar por vencida y agradezco a la vida mostrarme que cuando mis emociones no dan más, me piden que las haga estallar pero no a lo bruto, no sin pensar, es canalizar toda esa energía que se produce y mover el planeta en dirección contraria sí es necesario, porque mi voluntad es férrea y aunque a veces quiera hacerme «güey» no quiere decir que no piense en eso casi todos los días y esté dejando de esperar resultados favorables.

Pero hoy, hoy, de verdad estoy hasta la madre.