A veces la vida nos sorprende con nuevos destinos, nuevos amigos, nuevos sueños. Esta semana recorrí el país desde el centro hasta el norte en bus, 18 horas cada trayecto, el motivo: acompañar a la «Orquesta de Lucho Bermúdez» a su natal El Cármen de Bolívar en un festival dedicado al maestro. El resultado:  kilometros de paisaje que no conocía, la certeza de lo hermoso que es mi país, la cantidad de sorpresas que un viaje inesperado es capaz de regalarnos.  20 talentosísimos músicos de todas las edades con quienes compartí su tiempo, sus conversaciones, sus chistes, sus silencios. Llegar a un lugar absolutamente mágico, pintoresco, hermoso, lleno de gente amable, con un clima delicioso, tener la oportunidad de ver como se ha recuperado de los procesos de violencia que vivió hasta hace poco y la forma en la que este festival se convertía en parte de esa alegría de vivir en paz, sin incertidumbre, saliendo a la calle hasta la medianoche y no esconderse en casa desde las cuatro de la tarde como pasaba antes. Descubrir todo este proceso tras bambalinas de una presentación de este tamaño, un poco de estrés (de los organizadores, nunca de mis acompañantes o acampañados) la magia del arte y de la música que a través de la disciplina y la pasión remueven por dentro al cuerpo y al alma. Entender que mi alma lleva años diciéndome que su lugar es la itinerancia, que llevar arte, música, entretenimiento, pasión a otros, es realmente un trabajo de vida que quiero repetir muchas veces. La comodidad fue indescriptible, algunos saben que me gusta cantar, (que no lo hago tan mal) que estudié artes, que escribo, pero sentir que uno pertenece a un grupo eso es diferente, que 20 personas van en un bus cantando la misma canción o tocando instrumentos invisibles o tarareando lo que hacen con sus instrumentos y lo hacen porque eso es lo suyo, porque es tan natural como respirar, porque no se ven sin hacerlo, desde hace meses sé que los músicos son muy cirticos con su trabajo y el de los demás y que también reconocen que muchos de los errores que ellos detectan sólo los detectan los músicos y que para el publico en general son imperceptibles, eso no hace que dejen de exigirse, ni de hablar sobre lo que salío bien y mal al final de su presentación, se saben un grupo, se tratan con respecto y humor, cosa que me encantó porque no pasa en otros gremios que conozco. Mis palabras resultan cortas para lo agradecida que estoy con la vida y con Patricia Bermúdez por esta invitación, con su grupo de músicos, con su familia, con la gente que nos recibió  con cariño, por la comida deliciosa que probé, por los paisajes con los que me quedo en la memoria, por la certidumbre de tener nuevos amigos y por la fascinación de estar ahí tan espectante y con toda las ganas de seguir haciéndolo.  El consejo final, déjate sorprender por la vida, dile si a los viajes inesperados, dile si a conocer gente nueva, dile si a tu pasión y a tu vida.