hay cambios inevitables que te buscan, que te persiguen en forma de frustración, incomodidad, mal humor, poco bienestar, situaciones que no se resuelven. Te piden que dejes de hacer lo mismo de siempre, no la misma reacción, no la misma manera de pensar, no la misma manera de ver la vida, no la misma ciudad, no la misma pareja, no el mismo trabajo, no las mismas emociones, no la misma sonrisa, no tu mismo discurso.

Te piden un brinco, que saltes, que confíes, que arriegues todo por ti mismo , por tus sueños, por tu vida, aunque sea incómodo, aunque no se vea claro, aunque parezca imposible, aunque de miedo, aunque no sepas como va a terminar, aunque conozcas cada una de las cosas que pueden fallar.

Porque si confías también sabrás cuanto vales, donde se te aprecia, que quieres vivir, te arriegas a lo desconocido y sabes que puedes exigirte nuevos retos, te pones al límite física, emocional y/o espiritualmente. Aprendes, vives, compartes, arriegas, descubres, conoces, cambias, respiras, vibras.

Tu lista de miedos te mantendrá a salvo sí decides hacerle caso a la inmovilidad que te provoca. No lo puedes controlar todo, no sabrás que te espera, por fortuna. Pero sí te quedas allí donde estás se repetirá tu historia una y otra vez, de pronto cambies de escenografía, de personajes, pero no te repitas, no sientas lástimas por ti, no le creas a esas voces que te destruyen y que hiciste tuyas. Vete ya. Pierde la memoria ahora.