«Ella no estaba brava, estaba triste… pero las tristezas viejas huelen igual que la amargura.» (Bobadilla 2016)

Cuando algo me molesta no disimulo, no me tomo esa molestia, cuando me encuentro con la realidad y la verdad frente a frente después de tantas mentiras, tantas dulces mentiras, viene el efecto contrario. Porque la dulzura adormece y la verdad despierta… y cuando me despierto soy un huracán que tumba todo y lo lanza lejos, muy lejos de su vida y de su corazón. Por eso le temo tanto a la ternura… porque ha sido el opio de mis malos pasos.

Mi tristeza se vuelca hacia la rabia y explota, me llena de energía para seguir después de ese desencanto. Y la rabia hace posible que se desordene la casa para que nadie entre y así darme tiempo de decidir sí hay algo  que aún sirva o sacarlo a la basura.

Por eso me gusta el desencanto que despierta… porque arremete con más fuerza.