dejar que otros decidan por mi, no poder decidir, obligar a otro a decidir por mi.

Decidir es una capacidad hermosa que aparentemente todos ejercemos; nuestra cultura, nuestra religión, nuestra crianza, la madurez o la inmadurez nos permiten seleccionar entre algunas opciones lo que queremos. En otras culturas, familias o religiones no está permitido lo que para nosotros si y parece natural, pero no es a esos casos a los que quiero referirme en este pequeño escrito, aquí hablo de no ejercer, ceder voluntaria, consciente o inconscientemente esa capacidad a otros.

A veces por comodidad y otras por costumbre (en los peores casos, las dos) dejamos que otro decida, mida el riesgo, vea las ventajas y las desventajas de lo que puede convenirnos o no, de lo que podemos rechazar o atraer a nuestra experiencia de vida, dejamos la experiencia de la vida misma en otras manos donde no me responsabilizo del resultado porque no quise, no he aprendido y no quiero, si así como pataleta de niño pequeño pero generalmente disfrazado de victimización.

Mi caso es diferente y no quiere decir que por ser el mío sera perfecto o mejor, sólo que en esta ocasión me parece tan importante mencionar el compromiso de quienes a diario seamos hombres o mujeres con diferente edad o estado civil,  ejercemos nuestro derecho a decidir. Pareciera que las circunstancias nos han obligado a hacerlo, para otros a veces es mas cómodo callar, no preguntar, asumirme incapaz y que otro resuelva, pero a mi no me gusta así, puedo compartir una decisión, hablarla, defenderla, cambiarla, pero dejar de tomarla? no enfrentar el caos de la mente y dejar que otro aparentemente más inteligente, claro, maduro lo haga por mi? Pido consejos, lo comparo con mis ideas y decido, pero insisto… de verdad, no hacerlo?? no hacerlo??? aguantar, dejar pasar, callar, incomodar a otros, postergar, enfermar, vivir en completa incertidumbre por no decidir??? no, de esa manera no.

NO decidir va inmutando el alma, nos vuelve inútiles, frágiles, mudos y sordos… decida, a favor suyo, de su felicidad, si debe compartir sus decisiones o debe decidir en conjunto que no se le vaya la vida esperando a que el otro sea equilibrado, modifique su decisión y siga, pero decida, arriesguese, viva.